El diseño expositivo de Sumeria y el paradigma moderno surgió de los paroxismos burocrático y compositivo.

Los requisitos de seguridad y conservación exigen medidas específicas para cada pieza incluida en una exposición. Decidimos cumplir con la realidad legal de cada prestamista, de modo que se diera el menor número de interferencias. Las obras se agruparon en receptáculos informes, que contenían libros, revistas, postales y litografías, y en superficies abstractas, sobre las que se disponían más receptáculos, que contenían esculturas, sellos cilíndricos y estatuillas. Las burocracias cristalizaron en agrupaciones esparcidas por las salas; en esencia: mesas y cajas.

Dada la evidencia, decidimos implementar las medidas del Modulor con más ironía que convicción. Aplicamos las series roja y azul en todos los elementos que nos fue posible: el perímetro de las cajas y las mesas era de 2,26 x 1,13 x 0,86 m y sus variaciones obedecían también al Modulor, los paneles de pared replicaban la superficie de las mesas, así como las vitrinas de metacrilato respondían siempre al mismo sistema de medidas. El objetivo no era conjugar una unidad compositiva armónica basada en las proporciones áureas, sino generar una sensación de extrañeza. Los elementos se emparentaban melancólicamente, sugiriendo similitudes y diferencias, y reverberaban en el espacio con sordidez.

En 1961, Robert Morris construyó Box for standing Untitled (Cabinet for standing). Ambas esculturas consistían en un contenedor ligeramente trapezoidal, con o sin puerta, que circunscribía el contorno de su propio cuerpo erguido. En ausencia del artista, las esculturas –pese a la geometría abstracta y su aspecto vulgar– seguían refiriéndose a éste; asumían una corporeidad vicaria, una falta de presencia espeluznante.

Nada impide pensar que Sumeria y el paradigma moderno era una gran matrioshka. Una figura en la que se superponían la arquitectura de las salas, los elementos de exposición y las piezas expuestas. En el hipotético centro se hallaría la figura germinal e inescrutable, aquella que determina el contorno de todos los caparazones que la suceden. Circunscrito por una mesa, una caja o un cabinet, el verdadero fetiche ausente: un tipo guapo de seis pies de estatura –un policía, por ejemplo.
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