Tras siete años de investigación, Le Corbusier publicó en 1949 Le Modulor. En él revelaba un nuevo sistema de medidas lineales con el fin de «armonizar el trabajo de los hombres, precisamente desunido [...] por el hecho de la existencia de dos sistemas difícilmente conciliables: el sistema de los anglosajones [pulgadas y pies] y el sistema métrico decimal». El objetivo era sintetizar el fundamento antropocéntrico del sistema anglosajón y la pretensión universalista del sistema métrico decimal.

El Modulor (contracción de module y nombre d’or) partía de las antropometrías proporcionadas por un hombre-con-el-brazo-levantado, puntos concretos espaciados por intervalos correspondientes a la serie de Fibonacci, derivada de la sección áurea. El humanoide tomado como referencia para el Modulor medía 182,88 centímetros, a sugerencia de Marcel Py, un joven delineante del despacho aficionado a la lectura: «¿No habéis observado en las novelas policiacas americanas que los tipos guapos –un policía, por ejemplo– tienen siempre seis pies de estatura?».

Se establecieron dos series de valores: la roja, cuyo centro cruza el ombligo o plexo-solar del humanoide-modulor a 113 centímetros del suelo, y la azul, regida por la altura total con el brazo erguido a 226 centímetros, el doble de la cota umbilical. Las medidas obtenidas en ambas series remiten a los contornos del humanoide-modulor esencial: 70 centímetros corresponden al segmento entre el ombligo y la cabeza, 86 centímetros al espacio entre la palma de la mano derecha y el suelo, 43 centímetros a la distancia entre el eje de las rodillas y el suelo… A diferencia de las estatuillas antiguas, que se sometían al tamiz de la retícula isométrica ortogonal, confrontando lo arcaico inasible y lo moderno objetivable, el Modulor instauró un fetiche antropomórfico cuyo sistema de medición le era inmanente, convirtiendo la descripción en prescripción.

La doctrina matemático-mística del Modulor no tardaría en extenderse entre los arquitectos de una modernidad desamparada tras la hecatombe tecnoasistida de la segunda Guerra Mundial. Iluminado por el «milagro de los números», Le Corbusier aplicaría reiteradamente las series azul y roja en sus proyectos, llegando a inscribir en el béton brut de los edificios bajorrelieves del fetiche-modulor, piedra de toque y custodio de la armonía áurea.
Mark